LA LEY DE DIOS, ESPIRITUALIDAD Y CONTEMPORANIDAD

1: EL ERROR DE LA FE COMO LA DE UN NIÑO

En algunos círculos cristianos el llamado bíblico a tener una fe como la de un niño ha sido elevado a un ideal espiritual que distorsiona radicalmente el significado bíblico de la fe. El Nuevo Testamento describe el adoptar cierta fe como la de un niño corno una virtud. Jesús dijo que "el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él" (Marcos 10:15).
¿Pero de qué se trata esta fe como la de un niño? La palabra como sugiere algún tipo de analogía. La analogía es obvia. Del mismo modo que los hijos confían en sus padres y creen Lo que sus padres les dicen, así también nosotros debemos confiar en
Dios. La vida de un niño depende de la confianza que deposite en el cuidado de sus padres. Cuando un bebé que recién comienza a caminar se acerca con curiosidad a las llamas de una estufa, sus padres le dirán: "[No]" No hay tiempo para explicar las leyes de la energía térmica, y además dichas explicaciones sofisticadas no serían entendidas por el niño.
Sin embargo, en la medida que los hijos comienzan a crecer, su capacidad para confiar en el liderazgo de sus padres comienza a desvanecerse. Poco tiempo después comenzarán a preguntar el porqué, y tarde o temprano, estarán en franco desafío.
Dicho desafío no tiene cabida en el reino de Dios. Los hijos de Dios deben permanecer siempre en esa actitud que caracteriza a un niño, maravillados por su Padre celestial y confiados en Él.
Se trata aquí de un ejercicio apropiado de fe implícita. Dios merece nuestra confianza implícita. Sería una tontería y una imprudencia no confiar en Dios implícitamente. Dios en su totalidad es digno de confianza. El cristiano maduro nunca perderá esta fe similar a la de un niño.
Hay una diferencia muy grande sin embargo entre una fe como la de un niño y una fe infantil, aunque muchas personas en ocasiones las confundan entre sí. Una fe infantil se echa para atrás si tiene que aprender sobre Dios en profundidad. Rechaza la carne del evangelio y se aferra a una dieta únicamente de leche. Por dicho motivo, este cristiano infantil recibe una amonestación:
Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el elemento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5:12-14).
El llamado del Nuevo Testamento es a la madurez. El apóstol Pablo dice: "Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño" (1 Corintios 13:11). Pablo vuelve a diferenciar la forma en que hemos de permanecer como bebés y la forma en que hemos sido llamados a comportamos como adultos. Dice: "Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar" (1 Corintios 14:20).

2: EL TEMOR AL ESCEPTICISMO TEOLÓGICO

La subcultura cristiana padece de una profunda desconfianza hacia la teología. En muchos casos esta aversión a la teología obedece a una desconfianza hacia los teólogos.
Langmead Casserley, el eminente apologista anglicano, dedicó un capítulo entero de su libro Apologetics & Evangelism ("Apologética y Evangelismo") al tema, "La traición de los intelectuales". Casserley observó que la creciente desconfianza por parte del público cristiano hacia los teólogos ha sido provocada por el escepticismo radical hacia la Biblia y el cristianismo histórico que los eruditos del criticismo moderno manifiestan.
Fueron los teólogos dentro de la iglesia los primeros en declarar que Dios estaba muerto. Los profesores de seminarios y profesores de facultades cristianas son las voces que más se escuchan atacando la confiabilidad de las Escrituras. A comienzos de este siglo el teólogo holandés Abraham Kuyper señaló que "la crítica bíblica se ha convertido en el vandalismo bíblico".
Es indudable que muchos de los seminarios teológicos en los Estados Unidos se han convertido en ciudadelas del descreimiento.
Los padres cristianos se sorprenden y se desconciertan cuando sus hijos regresan a sus hogares de las así llamadas facultades "cristianas" cargados con las dudas y el escepticismo que han aprendido de sus profesores. La reacción a esta traición teológica  suele ser: "Si esto es a lo que conduce el estudiar teología, más vale abandonar cualquier intento".
No hay duda de que la mala teología existe. No hay duda de que el estudio profundo de la teología expone al estudiante a la crítica escéptica. No hay duda de que mucho de lo que pasa por ser teología cristiana no es más que el mero intento del teólogo por justificar su propio descreimiento.
Sin embargo, debemos recordar que aunque la teología escéptica cunda por doquier en nuestras instituciones, su presencia no es nueva. Los principales opositores de Jesús durante su ministerio en esta tierra pertenecían a la clase clerical. Los teólogos en los días de Jesús odiaban la teología de Jesús. Pero el rechazar a toda la teología y a la educación teológica para evitar la mala teología es cometer un suicidio espiritual. Es el ejercicio de otro tipo de traición. Rechazar la teología es rechazar el conocimiento de Dios. Y esta no es una opción abierta para el cristiano.

3: EL ERROR DE LA CREENCIA FÁCIL

La creencia fácil es una forma moderna de antinomianismo, una antigua herejía. Afirma que una vez que una persona ha tomado una decisión por Cristo o ha orado para recibir a Jesús como su Salvador, ya no es necesario que lo acepte como Señor. No existe ningún tipo de requisitos legales que obliguen a ese cristiano.
Hay algunos pocos profesores cristianos, si realmente es que existen, que afirman que la persona que acepta a Cristo como Salvador no debería aceptarlo también como Señor. En lugar de hacer esto, animan a dicho "cristiano carnal" a convertirse en más espiritual y obediente. Pero se echan atrás antes de declarar que es necesario aceptar a Cristo como Señor para obtener la salvación. De hecho, insisten en que este requisito no es necesario para alcanzar la salvación. Permiten la realidad de un cristiano carnal.
Este tipo de antinomianismo está tan extendido en el mundo evangélico que hasta puede constituir una mayoría. La controversia de estos días sobre "señorío de Cristo" en la salvación se centra en esta cuestión.
Recientemente un pastor me habló sobre un hombre joven de su congregación que estaba usando drogas y viviendo una relación ilícita con su novia. El pastor intentó aconsejar a dicho joven con respecto a su estilo de vida. El hombre le contestó con naturalidad:
"Está todo bien, pastor. Yo soy un cristiano carnal". Ser un cristiano significa ser un discípulo de Cristo, en el sentido bíblico de la palabra. Un discípulo es un "estudiante". Se ha matriculado en la escuela de Cristo. El discípulo, como el nombre mismo así lo sugiere, ha sido llamado para seguir un estudio disciplinado de las cosas de Dios.

4: EL NEO-MONASTICISMO

El movimiento monástico en la historia de la iglesia consistió en la glorificación del aislamiento de este mundo. Aquellas personas que huían hacia los claustros estaban buscando refugio de las influencias nefastas de esta sociedad maligna. El monasterio era un puerto seguro para quienes buscaban la pureza espiritual.
Hubo muchas personas que ingresaron en la vida monástica para seguir una vida de oración o de devoción espiritual. Para otros, fue una oportunidad para dedicarse al estudio en reclusión.
Pero había un elemento en el monasticismo clásico que hoy está ausente en el neo-monasticismo: la devoción hacia la erudición teológica.
Cuando hablo sobre el neo-monasticismo, hago referencia a la tendencia presente en algunos evangélicos de "abandonar" este mundo. Estoy describiendo tanto una actitud como un estilo de vida. Se trata de un tipo de negación del mundo que implica muchísimo más que un rechazo a la mundanalidad. Implica un rechazo al mundo como el ruedo principal donde se desarrolla la actividad cristiana. Restringe la actividad del cristiano a un gueto espiritual. Incluye un rechazo voluntarioso del estudio de cualquier cosa que no sea claramente "evangélica".
Recuerdo mi segundo año de vida cristiana. Estaba en mi segundo año en la facultad y durante una clase sobre filosofía occidental toda mi alma fue sacudida. El profesor estaba disertando sobre un ensayo escrito por San Agustín. La disertación abrió mi mente a todo un horizonte nuevo de entendimiento del carácter de Dios. Por ser un cristiano joven deseaba profundizar en mi fe. La obra de Agustín y de otros como él me parecía ser de enorme ayuda hacia ese fin.
Decidí cambiar de carrera para graduarme en filosofía en lugar de Biblia. Cuando hice dicho cambio fui casi expulsado del conjunto de evangélicos en nuestra universidad. Mis amigos estaban escandalizados por mi aparente apostasía. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que me citaban el versículo de Colosenses 2:8, "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas”.
La reacción de mis compañeros me confundía tanto como me dolía. Había decidido estudiar filosofía para fortalecer mi conocimiento de Dios, no para debilitarlo. Aunque ya no estaba en el curso de Biblia, esto no significaba que había rechazado a la Biblia o que había dejado de estudiarla. No podía caber en mi cabeza cómo era posible estar preparados para evitar ser engañados por algo sin antes haber tomado conciencia sobre qué consistía ese algo. Mis estudios de filosofía secular sirvieron para acrecentar mi aprecio por las profundidades y las riquezas encerradas en las cosas reveladas en las Escrituras. Y además me proporcionaron un entendimiento de las herramientas cruciales para la tarea cristiana de apologética. Nunca se cruzó por mi mente que debíamos abandonar al mundo para dejarlo en manos de los paganos.
El neo-monasticismo engendra la ignorancia no solo de la cultura y de las ideas que conforman nuestra fe, sino también la ignorancia de la teología. Demuestra más una falta de fe que una fortaleza de fe.
Los efectos del neo-monasticismo son catastróficos. Al tomar la retirada y no comprometernos con el mundo hemos sufrido la derrota por omisión. Nos agarramos la cabeza al contemplar la secularización de la cultura estadounidense y nos preguntamos cómo puede ser que haya sucedido.

5: EL TEMOR A LAS CONTROVERSIAS

La teología engendra controversias. De esto no cabe la menor duda. Siempre que se estudie teología, inevitablemente surgirán discusiones a continuación. Todos deseamos mantener relaciones signadas por la paz y la unidad. También comprendemos que la Biblia nos prohíbe el ser contenciosos, el provocar divisiones, el ser discutidores, y el emitir juicios con ligereza. Debemos manifestar el fruto del Espíritu, el cual incluye la benignidad, la mansedumbre, la paciencia y la bondad.
Nuestro razonamiento entonces sigue este curso: si hemos de evitar el tener un espíritu discutidor y mostrar el fruto del Espíritu, entonces debemos evitar el estudio de la teología. Existe axioma generalizado que expresa: "Nunca se debe discutir sobre religión ni política". Este axioma ha sido elevado a un serial de preferencia por la sencilla razón que las discusiones sobre religiones o política suelen generar más calor que iluminación. Estamos cansados de la caza de brujas, de la discusión de cosas menores, de las persecuciones, y hasta de las guerras que han comenzado por controversias teológicas.
Sin embargo, la controversia siempre acompaña al compromiso teológico. John Stott, en un libro titulado Christ the Controversialists ("Cristo, el controversial"), afirmó algo que debería resultar obvio a cualquiera que lea la Biblia -la vida de Jesús estuvo envuelta en una tormenta de controversias. Los apóstoles, como antes también les había sucedido a los profetas, no podían pasar un día de sus vidas sin controversias. Pablo dijo que discutía todos los días en el mercado. Eludir la controversia es eludir a Cristo. Podremos tener paz, pero será una paz obsecuente y carnal mientras la verdad sea pisoteada en las calles.
Hemos sido llamados a evitar las controversias impías, sin Dios. Hemos sido llamados a tener controversias piadosas, con Dios. Un aspecto positivo de las controversias cristianas es que los cristianos tienen la tendencia a discutir entre sí sobre teología porque comprenden que la verdad, especialmente la verdad teológica, tiene consecuencias eternas. Las pasiones afloran porque lo que está en juego es muy valioso.
Las controversias impías surgen con frecuencia no porque los combatientes sepan mucho sobre teología sino porque saben demasiado poco. No disciernen la diferencia entre temas contundentes de disputa y detalles menores que nunca deberían ser motivo de división entre nosotros. Tenemos otra máxima: "Tener poco conocimiento sobre algo es muy peligroso". El que se detiene a discutir nimiedades es el estudiante de teología inmaduro.
Es el teólogo que todavía no terminó su entrenamiento el que rebosa confianza en sí mismo e insensibilidad, y el que es discutidor. Cuánto más uno se adentra en el estudio de la teología, uno más discierne cuáles son aquellos temas negociables y tolerables y cuáles son aquellos temas que demandan toda nuestra fuerza para defenderlos.

6: EL ESPÍRITU ANTIRRACIONAL DE NUESTRA ÉPOCA

Creo que estamos viviendo en la época más anti-intelectual que haya conocido la historia del cristianismo. No quiero decir antiacadémica, ni anti-tecnológica ni anti-científica. Por anti-intelectual entiendo contra la mente.
Vivimos en un período que es alérgico a la racionalidad. La influencia de la filosofía existencialista ha sido masiva. Nos hemos convertido en una nación sensual. Hasta nuestro propio idioma lo refleja. Mis estudiantes en el seminario repetidas veces se expresan del siguiente modo en sus exámenes: "Siento que está mal" o "Siento que es verdad." Siempre les tacho la palabra y la sustituyo por la palabra pienso. Hay una diferencia entre sentir y pensar.
En la fe cristiana hay una primacía de la mente. También la primacía del corazón en la fe cristiana. Sin duda que estas dos narraciones paradójicas parecen ser contradictorias. ¿Cómo es posible que existan dos primacías? Debe existir una que prime sobre la otra. Es obvio que no podemos tener dos primacías distintas al mismo tiempo yen la misma relación. Lo que ocurre es que cuando hablo de dos primacías distintas, quiero decir que son con respecto a dos temas distintos.
Con respecto a la primacía en cuanto a la importancia, el corazón viene primero. Si tengo la doctrina conecta en mi pensamiento pero no tengo el amor a Cristo en mi corazón, me he perdido el reino de Dios. Es extremadamente más importante que un corazón este bien delante de Dios que mi teología sea impecablemente correcta.
Sin embargo, para que mi corazón esté bien, existe una primacía del intelecto en término de orden. No puede haber nada en mi corazón que no haya estado primero en mi pensamiento.
¿Cómo es posible amar a un Dios o a un Jesús del cual no comprendo nada? Cuanto más llegue a comprender el carácter de Dios, más será mi capacidad para amarlo.
Dios se revela a sí mismo en un libro. Ese libro ha sido escrito en palabras. Transmite conceptos que deben ser comprendidos por la mente. Seguramente que algunas cosas permanecerán como misterios. Pero el propósito de la revelación de Dios es que la comprendamos con nuestras mentes para que pueda penetrar en nuestros corazones. Despreciar el estudio de la teología es despreciar aprender sobre la Palabra de Dios.

7: LA SEDUCCIÓN DE LA MUNDANALIDAD

Es bueno recordar que el primer desvío que el Cristiano encontró en su camino al cielo en El progreso del peregrino, de John Bunyan, sobrevino cuando Cristiano fue seducido por el consejo del Sr. Sabio Mundano'. El Sr. Sabio Mundano no se llamaba Sr. Falso Teólogo, si bien enseñaba una falsa teología. Podemos entender cómo la mundanalidad nos seduce en términos de sensualidad, materialismo, hedonismo, y otros del mismo calibre. Pero una de las fuerzas seductivas más poderosas del mundo secular es la tentación a adoptar la idea sobre la verdad actualmente popular en la cultura estadounidense.
En su libro The Closing ofthe American Mind ("El cierre de la mente americana', Allan Bloom ha documentado cómo la educación moderna ha adoptado casi universalmente el relativismo como su epistemología vigente. La mente estadounidense se ha cerrado a la verdad objetiva que puede ser conocida racionalmente.
El relativismo es en última instancia irracional. Decir que la verdad es relativa no tiene ningún sentido. Es una afirmación imposible de ser verdadera. La afirmación "Toda verdad es relativa" sería a su vez relativa y no tendría ningún valor como verdad.
Este marco mental, o mejor dicho, este marco mental anti-intelectual de la educación secular se ha infiltrado y casi conquistado al mundo evangélico. Los evangélicos se sienten sublimemente encantados al poder afirmar ambos polos de estas ideas contradictorias que les permite aceptar teologías radicalmente inconsistentes y mutuamente excluyentes.
Para ser más precisos, los evangélicos no llaman a esto relativismo o subjetivismo. Esta filosofía es bautizada y espiritualizada detrás de un fino velo de jerga religiosa. La "guía del Espíritu" se ha convertido en la licencia para una multitud de pecados epistemológicos. Las personas son "guiadas por el Espíritu" para llevar a cabo actos expresamente prohibidos por las Escrituras. Pero esta guía subjetiva puede tener más valor que las Escrituras porque la verdad es relativa. La afirmación de contradicciones irracionales (una redundancia) se justifica por apelaciones a un "orden superior de lógica" que se encuentra en la mente de Dios.
Si buscamos un entendimiento coherente, lógico, consistente, y racional de la Biblia, se nos acusa inmediatamente de adorar en el templo de Aristóteles. Como la filosofía del racionalismo ha sido con frecuencia hostil al cristianismo, huimos de cualquier cosa que remotamente se asemeje al racionalismo. Como el cristianismo tiene la verdad que la razón por sus propios esfuerzos especulativos no puede descubrir, suponemos que hasta la razón misma es negociable.
El cristianismo no es racionalismo. Pero es racional. Puede contener la verdad más allá de lo que la razón pueda ser capaz de sondear. Pero es más que racional, no menos. Se trata de una virtud, no de una desventaja para buscar un entendimiento coherente de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no es irracional. Fue diseñada para ser comprendida por la mente.

8: LA SUSTITUCIÓN PIETISTA DE LA DEVOCIÓN POR EL ESTUDIO

¿Es posible que la lectura devocional de la Biblia sea un impedimento para el crecimiento cristiano? Si se convierte en un sustituto del estudio serio de la Biblia, contesto categóricamente que sí.
Debo hacer una concesión, sin embargo, y se trata de que no estoy totalmente seguro si entiendo la diferencia que existe entre la "lectura devocional de la Biblia" y el estudio bíblico serio. El estudiar la Biblia en serio es en sí un acto devocional. C. S. Lewis en cierta oportunidad señaló:
Este estudio es algo así como un experimento. Su traducción está dirigida al mundo en su totalidad, y no solamente a los estudiantes de teología. Si tiene éxito, es posible que le sucedan otras traducciones de otros grandes libros cristianos. En un sentido, por supuesto, no es la primera traducción en este campo. En el mercado podemos encontrar traducciones de la Teología Germánica, la Imitación, La Escala de la Perfección, y Las Revelaciones de Lady lulian de Norwich, todas ellas muy valiosas si bien no todas con el mismo grado de altura académica. Pero conviene señalar que todos estos libros son de devoción y no de doctrina.
Pero, ahora bien, el laico o el aficionado deben ser instruidos además de ser exhortado. En los días que corren su necesidad de conocimiento es apremiante. Tampoco es mi intención admitir que exista ningún tipo de división marcada entre estos dos tipos de libro. Personalmente, tiendo a encontrar los libros doctrinales de mucha más ayuda en la devoción que los libros propiamente devocionarios, y me inclino a pensar que esta misma experiencia es compartida por muchos otros. Creo que muchas personas que encuentran que "no pasa nada" cuando se sientan, o se arrodillan, frente a un libro devocional, descubrirían que su corazón comienza a cantar sin que nadie se lo pida mientras tratan de descifrar un pasaje difícil de teología, con una pipa entre sus dientes y sosteniendo un lápiz en sus manos.
Hay muchas ayudas disponibles para las lecturas diarias devocionales. Aquellas personas que leen la Biblia todos los días durante quince o veinte minutos son una minoría. Aunque sin duda que quince minutos de lectura diaria de la Biblia es mejor que ninguna lectura.
El problema surge cuando pensamos que podemos sondear las profundidades de las Escrituras con un simple régimen de quince o veinte minutos diarios. Muy pocas disciplinas pueden ser dominadas con ese lapso de atención tan breve. Para crecer en el entendimiento maduro de la Palabra de Dios se requiere un esfuerzo más concertado que el que puede ser logrado por breves períodos de lectura devocional.
La lectura devocional es un gran complemento al estudio en serio pero no constituye un sustituto a dicho estudio. Un estudio de las referencias bíblicas al final de cada capítulo de este estudio, y el comentario que se hace de las mismas dentro de los capítulos, puede resultar un excelente comienzo para dicho estudio en serio.

9: LA PEREZA

Karl Barth en cierta ocasión señaló que los tres pecados primarios y más básicos de la humanidad caída son el orgullo, la deshonestidad y la pereza. No estoy seguro que Barth estuviera en lo correcto al jerarquizarlos de esta manera, pero no cabe duda que son pecados severos sobre los que la Biblia tiene mucho que decir.
Si debido a nuestra naturaleza caída tenemos una inclinación pronunciada hacia la pereza, debemos estar en guardia para evitarla.
No es para nada seguro el presuponer que el nuevo nacimiento nos librará inmediata y completamente de ser perezosos.
No nos curamos más instantáneamente de la indolencia que lo que nos curamos del orgullo o la deshonestidad.
La vida cristiana demanda un arduo trabajo. Nuestra santificación es un proceso en el que somos colaboradores de Dios.
Contamos con la promesa de la ayuda de Dios en nuestra labor, pero su ayuda divina no anula nuestra responsabilidad para asumir el trabajo. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2: 12-13).
Esta ocupación no es algo que nos redunde en méritos o nos gane nuestra justificación. Es la obra que sigue a la justificación, la consecuencia de la fe. Los cristianos perezosos permanecerán siempre inmaduros porque no se dedican a un estudio diligente de la Palabra de Dios.
Con frecuencia suelo sorprender a mis estudiantes en el seminario cuando les digo que los errores teológicos son pecados.
Este cargo les resulta demasiado fuerte ya que presuponen que no puede existir ninguna culpabilidad moral si alguien comete un error. Yo argumento que la razón primaria por la que malinterpretamos la Biblia no es porque el Espíritu Santo ha fracasado en su labor, sino porque nosotros hemos fracasado en llevar a cabo nuestra labor. No alcanzamos a amar a Dios con toda nuestra mente y descuidamos nuestra responsabilidad de dedicarnos a un estudio riguroso de las cosas de Dios.

10: LA DESOBEDIENCIA

Es posible que no sea del todo exacto incluir a la desobediencia como una influencia causal independiente en nuestro fracaso para crecer en madurez, ya que está implícita en todas las demás.
La enumeramos, entonces, como un resumen genérico de todas las demás. Si bien hemos considerado un número de razones por las que los cristianos a veces descuidan el estudio de la teología, existen al mismo tiempo varias razones positivas importantes para embarcarnos en dicho estudio. Es imperativo que superemos cualquier tipo de obstáculos que se interpongan en nuestro camino mientras perseguimos diligentemente un entendimiento teológico en más profundidad.
La teología alimenta al alma. Para que el alma de una persona se inflame con la pasión por el Dios vivo, la mente de esa persona debe informarse primero sobre el carácter y la voluntad de Dios. No puede haber nada en el corazón que antes no haya estado en la mente. Aunque es posible tener una teología en la mente sin que ella nos traspase el alma, no puede traspasarnos el alma si antes no la aceptamos con la mente.
El entendimiento intelectual de la doctrina es una condición necesaria para el crecimiento espiritual. Sin embargo, no es una condición suficiente para dicho crecimiento. Una condición necesaria es una condición que debe estar presente para que un resultado buscado tenga lugar. Sin ella, el resultado sería imposible.
Por ejemplo, el oxígeno es una condición necesaria para que haya fuego. Sin embargo, la simple presencia de oxígeno no es suficiente para garantizarnos que se produzca un fuego. Esto es una suerte para nosotros, ya que de lo contrario el mundo estaría en llamas si el oxígeno automáticamente produjera fuego. El oxígeno es por lo tanto necesario para producir fuego, pero en sí mismo no es suficiente para producir fuego. Del mismo modo que el oxígeno es necesario pero no alcanza con su presencia para prender un fuego, así también la doctrina es necesaria pero no suficiente para encender un fuego en nuestros corazones. Sin la operación de la gracia del Espíritu Santo en nuestros corazones, la sola presencia de la doctrina nos dejará helados, no importa cuán buena sea esta doctrina.
Dios nos manda a ser diligentes en el estudio. La segunda razón positiva para buscar un conocimiento de la teología es que Dios, que es el tema central de la teología, nos manda progresar en el entendimiento doctrinal. Debemos seguir la exhortación de Pablo de "dejar lo que era de niño" (1 Corintios 13:11) para poder seguir adelante hacia la meta del entendimiento cristiano. Con respecto a la malicia debemos ser como bebés, pero con respecto al entendimiento debemos buscar alcanzar la madurez de un adulto (l Corintios 14:20). No haremos esto para convertirnos en arrogantes y estar orgullosos de nuestro propio conocimiento, sino para crecer en la gracia. Un entendimiento maduro es el fundamento para una vida madura.
Crecer en el conocimiento de Dios es un gran gozo y un privilegio. Es algo que nos encanta. Pero es algo más que un privilegio; es también un deber. Dios nos manda crecer en la plenitud de Cristo. Consideremos el Shema del Israel del Antiguo Testamento:
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tú Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas (Deuteronomio 6:4-9).
En el corazón de este mandamiento sagrado está el deber solemne de aprender la ley de Dios, de dominar su revelación. No se trata de una empresa alegre e informal. Dominar la Palabra de Dios es sumergirse profundamente en el estudio de la teología.
Debemos recordar al lector que es posible tener una teología buena sin tener una vida buena. Pero no es posible tener una vida buena si no contamos con una teología buena. En este sentido, la teología debe ser vista como una ciencia abstracta. Se trata de un asunto de vida o muerte, de un asunto de vida eterna o muerte eterna. La intención de este estudio es ser una guía de viaje para recorrer los temas de vida o muerte que aparecen en el paisaje teológico.

11. LA LEY DE DIOS

Dios gobierna a su universo por la ley. La propia naturaleza funciona bajo su gobierno providencial. Las así denominadas leyes de la naturaleza son simples descripciones de la manera normal que Dios tiene de ordenar su universo. Estas "leyes" son expresiones de su voluntad soberana.
Dios no le rinde cuentas a ninguna ley fuera de sí mismo. No existen normas cósmicas independientes que obliguen a Dios a obedecerlas. Por el contrario, Dios es su propia ley. Esto decir que Dios actúa de acuerdo con su propio carácter moral. Sin propio carácter no es solo moralmente perfecto, sino que es el patrón estándar de la perfección. Sus acciones son perfectas porque su naturaleza es perfecta, y Él siempre actúa de acuerdo con su naturaleza. Por lo tanto, Dios nunca es arbitrario, caprichoso o antojadizo. Siempre hace lo que es correcto.
Como criaturas de Dios, a nosotros también se nos exige que hagamos lo que es correcto. Dios nos exige que vivamos una vida de acuerdo a su ley moral, la cual nos ha revelado en la Biblia. La ley de Dios es el estándar de justicia y la norma suprema para juzgar el bien y el mal. Dios tiene la autoridad para imponernos obligaciones, para exigir nuestra obediencia, y exigir el compromiso de nuestras conciencias, porque Él es nuestro soberano.
También tiene el poder y el derecho para castigar la desobediencia cuando violamos su ley. (El pecado puede ser definido como la desobediencia a la ley de Dios.)
Algunas leyes de la Biblia están directamente basadas en el carácter de Dios. Estas leyes reflejan los elementos transculturales y permanentes de las relaciones, tanto divinas como humanas.
Otras leyes obedecieron a condiciones pasajeras de la sociedad. Esto significa que algunas leyes son absolutas y eternas, mientras que otras pueden ser anuladas por Dios por razones históricas, como las leyes ceremoniales y de dieta de Israel. Solo Dios puede abolir dichas leyes. Los seres humanos nunca tienen la autoridad para abolir la ley de Dios.
No somos autónomos. Es decir, no se nos permite vivir de acuerdo con nuestra propia ley. La condición moral de la humanidad es la de heteronomía: vivimos bajo la ley de otro. La forma específica de heteronomía bajo la cual vivimos es la teonomía, o la ley de Dios.
RESUMEN
1. Dios gobierna al universo por leyes. La gravedad es un ejemplo de las leyes de Dios para la naturaleza. La ley moral de Dios está en los Diez Mandamientos.
2. Dios tiene la autoridad para imponer obligaciones a sus criaturas.
3. Dios actúa de acuerdo a la ley de su propio carácter.
4. Dios nos revela su ley moral a nuestras conciencias y en la Escritura.
5. Solo Dios tiene la autoridad para abolir sus leyes.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Éxodo 20:1-17, Salmo 115:3, Mateo 5:17-20, Romanos 7:7-25, Gálatas 3:23-29

12: LOS PROFETAS DE DIOS

Los profetas del Antiguo Testamento fueron personas llamadas exclusivamente por Dios y a quienes Dios les entregó en forma sobrenatural sus mensajes para que nos los entregaran. Dios habló su palabra por medio de los labios y los escritos de los profetas.
La profecía implicaba tanto la predicción sobre el futuro (el predecir) como la exhortación y la proclamación presente de la palabra de Dios (el proclamar). Los profetas fueron dotados por el Espíritu Santo para que sus palabras fueran las palabras de Dios.
Por eso es que los mensajes proféticos solían estar precedidos por la expresión: "Así dice el Señor".
Los profetas fueron reformadores de la religión de Israel. Llamaron al pueblo a volverse a la adoración pura y a la obediencia a Dios. Aunque los profetas criticaron la manera como la adoración judía muchas veces se había degenerado y se había convertido en un simple ritual, no condenaron ni atacaron las formas originales de adoración que Dios había encomendado a su pueblo. Los profetas no fueron revolucionarios ni anarquistas religiosos. Su tarea consistía en purificar, no en destruir; en reformar, no en sustituir la adoración de Israel.
Los profetas también estaban profundamente preocupados por la justicia y la equidad social. Eran la conciencia de Israel, llamando al pueblo al arrepentimiento. También actuaron como los defensores del pacto de Dios. Ellos "entregaron citaciones a comparecer" a la nación ante el juez divino por violar los términos del pacto con Dios.
Los profetas hablaron con una autoridad divina porque Dios los había llamado específicamente para ser sus voceros. El profeta no era un cargo hereditario, ni tampoco eran elegidos para ocupar dicha función. Las credenciales de los profetas la constituían el llamado directo e inmediato de Dios unido al poder del Espíritu Santo.
Los falsos profetas fueron constantemente un problema en Israel. En lugar de transmitir los oráculos de Dios, relataban sus propios sueños y opiniones diciéndoles a las personas únicamente lo que ellas deseaban escuchar. Los verdaderos profetas fueron muchas veces perseguidos y rechazados por sus contemporáneos por rehusarse a comprometer la proclamación del consejo de Dios.
Los libros de los profetas suelen dividirse en los libros de los "profetas mayores" y los "profetas menores". Esta diferenciación solo se refiere a la extensión de los escritos canónicos y no constituye ninguna referencia a la mayor o menor importancia de los profetas. Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel son conocidos como los profetas mayores porque fueron los que más escribieron; mientras que Amós, Oseas, Miqueas, Jonás, etc. son los profetas menores porque sus libros son más pequeños.
Los apóstoles del Nuevo Testamento también tuvieron muchas de las características de los profetas del Antiguo Testamento.
Los apóstoles junto con los profetas son llamados el fundamento de la iglesia.
RESUMEN
1. Los profetas del Antiguo Testamento fueron agentes de la revelación divina.
2. La profecía implicaba la predicción sobre el futuro y la proclamación.
3. Los profetas fueron reformadores de la adoración y la vida israelita.
4. Solo quienes habían sido llamados directamente por Dios tenían la autoridad para ser sus profetas.
5. Los falsos profetas expresaban sus propias opiniones y le manifestaban a la gente solo lo que esta deseaba escuchar.
6. La división en profetas mayores y menores es una diferencia establecida en base a la extensión de sus escritos y no en base a su importancia.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Deuteronomio 18:15-22, Isaías 6, Joe12:28-32, Mateo 7:15-20, Efesios 4:11-16

  13. LA FUNCIÓN TRIPLE DE LA LEY

Todo cristiano debe debatirse con la pregunta: ¿Cómo se aplica la ley del Antiguo Testamento a mi vida? ¿La ley del Antiguo Testamento es irrelevante para el cristiano o en algún sentido todavía hay porciones de ella que me obligan? La necesidad de responder a esta pregunta se vuelve más apremiante y urgente en la medida que la herejía del antinomianismo se extiende en nuestra cultura.
La Reforma se fundó sobre la gracia y no sobre la ley. Sin embargo, los reformadores no repudiaron la ley de Dios. Juan Calvino, por ejemplo, escribió lo que se conoce como "La triple función de la ley" para mostrar la importancia de la ley en la vida del cristiano.
EL PRIMER PROPÓSITO de la leyes ser un espejo. Por un lado, la ley de Dios refleja la perfecta justicia de Dios. La ley nos dice mucho sobre quién es Dios. Pero, incluso más importante que esto, además la ley ilumina la pecaminosidad humana. Agustín escribió: "La ley nos ordena que luego de intentar hacer lo que ha sido ordenado, y sintiendo así nuestra debilidad bajo la ley, podamos aprender a implorar la ayuda de la gracia.
La ley resalta nuestra debilidad para que busquemos la fuerza en Cristo. La ley actúa como un profesor severo que nos conduce a Cristo. Esta es la gracia salvífica que le hace al pecador reconocer que no puede salvarse así mismo.
EL SEGUNDO PROPÓSITO de la leyes guardarnos del mal. La ley, por sí misma, no puede cambiar los corazones humanos. Puede, sin embargo, servir para proteger a los justos de los injustos. Calvino dijo que este propósito es conveniente "para que aquellos que no aprecian para nada lo recto y lo justo, a no ser que sean obligados, sean obligados al menos por las acusaciones de la ley y el temor de las penas.
La ley permite que haya en cierta medida un grado de justicia sobre esta tierra, hasta que el juicio final sea llevado a cabo.
EL TERCER PROPÓSITO de la leyes revelar lo que le agrada a Dios. Como hijos renacidos de Dios, la ley ilumina nuestras mentes sobre lo que le agrada a nuestro Padre, a quien buscamos servir.
El cristiano se deleita en la ley del mismo modo que Dios se deleita en ella. Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos"  (Juan 14:15). Esta es la función más elevada de la ley, servir como un instrumento para que el pueblo de Dios lo pueda honrar y glorificar.
Al estudiar la ley de Dios y meditar en ella, estamos asistiendo a la escuela de la justicia. Aprendemos qué es lo que le agrada a Dios y qué es lo que le ofende. La ley moral que Dios revela en la Escritura nos compromete. Hemos sido redimidos de la maldición de la ley de Dios, pero no de nuestro deber de obedecerla.
Hemos sido justificados, no porque hayamos obedecido la ley, sino para que podamos ser obedientes a la ley de Dios. Amar a Cristo es guardar sus mandamientos. Amar a Dios es obedecer su ley.
RESUMEN
1. La iglesia de la actualidad ha sido invadida por el antinomianismo, que debilita, rechaza y distorsiona la ley de Dios.
2. La ley de Dios es un espejo de la santidad de Dios y de nuestra injusticia. Sirve para revelarnos nuestra necesidad de un Salvador.
3. La ley de Dios es un freno contra el pecado.
4. La ley de Dios nos revela lo que le agrada a Dios y lo que le resulta ofensivo.
5. El cristiano debe amar la ley de Dios y obedecer la ley moral de Dios.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Salmo 19:7-11, Salmo 119:9-16, Romanos 7:7-25, Romanos 8:3-4, 1 Corintios 7:19, Gálatas 3:24.

14. EL FRUTO DEL ESPÍRITU

El fruto del Espíritu Santo es uno de los aspectos más dejados de lado en lo que respecta a la enseñanza bíblica sobre la santificación.
Hay varios motivos para esta situación:
1. La preocupación por lo externo. Aunque los estudiantes varias veces murmuran y se quejan cuando tienen que rendir pruebas en el salón de clase, en cierto sentido sabemos que realmente las queremos rendir. Las pruebas que miden la destreza, los logros, y el conocimiento son hasta moneda corriente en las revistas. Las personas quieren saber en qué nivel se encuentran. ¿He alcanzado la excelencia en una empresa determinada, o acaso estoy sumido en la mediocridad?
Los cristianos no son distintos. Tendemos a medir nuestro progreso en la santificación examinando nuestro desempeño con estándares externos. ¿Decimos malas palabras? ¿Tomamos alcohol? ¿Vamos al teatro a ver películas? Estos estándares con frecuencia se utilizan para medir la espiritualidad. La prueba verdadera -la evidencia del fruto del Espíritu- muchas veces es ignorada o minimizada. Esta es la trampa en la que cayeron los fariseos.
Le escurrimos el bulto a la verdadera prueba porque el fruto del Espíritu es más nebuloso. Las demandas que hace a la personalidad son mayores que lo demandado por los estándares superficiales. Es mucho más fácil reprimirse y no decir malas palabras que adquirir el hábito de la paciencia piadosa.
2. La preocupación por los dones. El mismo Espíritu Santo que nos guía a la santidad y da su fruto en nosotros también le da los dones espirituales a los creyentes. Parece ser que estamos mucho más interesados en los dones del Espíritu que en su fruto, a pesar de la clara enseñanza bíblica de que uno puede poseer los dones y ser inmaduro en el progreso espiritual. Las cartas de Pablo a los Corintios dejan esto bien en claro.
3. El problema de los no creyentes justos. Resulta frustrante medir nuestro progreso en la santidad por el fruto del Espíritu cuando algunos no cristianos exhiben las virtudes contenidas en el fruto, y hasta lo hacen en mayor grado.
Todos conocemos a personas que no son creyentes pero que exhiben más mansedumbre o paciencia que muchos cristianos. Si las personas pueden tener "el fruto del Espíritu" independientemente del Espíritu, ¿cómo es posible que podamos determinar nuestro crecimiento espiritual de esta manera?
Hay una diferencia cualitativa entre las virtudes del amor, el gozo, la paz, la paciencia, etc., engendradas en nosotros por el Espíritu Santo, y las virtudes exhibidas por los no cristianos. Los no cristianos operan en base a motivos que son en última instancia egoístas. Pero cuando los creyentes exhiben el fruto del Espíritu, están exhibiendo las características que en último término se dirigen hacia Dios y hacia los demás. Ser llenos del Espíritu significa que la vida de una persona está controlada por el Espíritu Santo; los no cristianos solamente pueden exhibir estas virtudes espirituales en la medida de su habilidad humana.
Pablo enumera el fruto del Espíritu en su epístola a los Gálatas: "Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza" (Gálatas 5:2223). Estas virtudes deben caracterizar la vida de un cristiano. Si somos llenos del Espíritu, exhibiremos el fruto del Espíritu. Pero, por supuesto, esto lleva su tiempo. No se trata de una adaptación superficial de nuestra personalidad que tiene lugar de un día para otro. Este cambio involucra dar una nueva forma a las inclinaciones más profundas de nuestro corazón, se trata del proceso de santificación del Espíritu Santo que dura toda la vida.
RESUMEN
1. Tendemos a dejar de lado el estudio del fruto del Espíritu porque:
(1) estamos preocupados por 10 externo;
(2) estamos preocupados por los dones espirituales; y:
(3) reconocemos que muchos no cristianos exhiben las virtudes espirituales mejor que los cristianos.
2. Es más fácil medir la espiritualidad por lo externo que por el fruto del Espíritu.
3. Podemos tener los dones espirituales y ser todavía inmaduros.
4. Existe una diferencia cualitativa entre la presencia de las virtudes espirituales en los no cristianos y en los cristianos.
En el caso de los no cristianos, es simplemente fruto del esfuerzo humano. En el caso de los cristianos, es Dios el Espíritu Santo produciendo el fruto espiritual en una medida superior a cualquier habilidad humana.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Romanos 12:1-21, 1 Corintios 12:1-14:40, Gálatas 5:19-26, Efesios 4: 1-6:20.

15. EL AMOR

En nuestra sociedad, por lo general hablamos del amor en términos pasivos. Es decir, el amor es algo que nos sucede y sobre el que tenemos escaso o ningún control. Quedamos "perdidamente" enamorados. Hablamos de esta manera principalmente porque asociamos el amor con un sentimiento o una emoción particular.
Dicha emoción no es el resultado de apretar un botón o el producto de un acto consciente de voluntad. No "decidimos" enamorarnos de alguien.
La Biblia, sin embargo, habla del amor en términos más activos. El concepto del amor funciona más como un verbo que como un sustantivo, El amor es un deber -una acción que es nuestra obligación cumplir. Dios nos manda amar a nuestro prójimo, amar a nuestras esposas, y hasta amar a nuestros enemigos.
Una cosa es tener sentimientos de amor o afecto hacia nuestros enemigos; otra cosa es actuar con amor hacia ellos.
La Biblia tiene un concepto complejo del amor que lo expresa en relativamente pocas palabras. En el Antiguo Testamento predomina el uso de la palabra hebrea aheb, para expresar "amor".
El Nuevo Testamento usa principalmente dos palabras griegas para "amor" phileo y ágape. Phileo, de donde proviene el nombre de la ciudad Filadelfia (que significa "la ciudad del amor filial") es la palabra griega utilizada para denotar el afecto compartido entre amigos. En oposición, el término eros, que no es utilizado en la Biblia, se refiere más al amor sexual o erótico. Este es el tipo de amor que asociamos con el romance. Estos dos tipos de amor son comunes a todos los seres humanos. Ambos tipos de amor tienen la tendencia a ser motivados por el interés propio, la gratificación personal y la protección de uno mismo.
El Nuevo Testamento, sin embargo, describe un tercer tipo de amor. Ágape se usa en contraposición a estos afectos más básicos.
Su característica más distintiva es la falta de interés propio. Procede de un corazón que protege y se preocupa por los demás.
Sus características están enumeradas por Pablo en el capítulo 13 de 1 Corintios. El amor ágape es paciente y bueno. No se vanagloria ni tiene envidia. No es orgulloso, ni rudo, ni busca su propio bien, ni se enoja fácilmente. Es rápido en perdonar; busca el bien y la verdad. Protege, confía, tiene esperanza, y es siempre perseverante Nunca falla.
El amor bíblico es por lo tanto mucho más que una simple emoción. Es activo. El llamado del cristiano no es principalmente a desarrollar sentimientos de amor por los demás. En muchas instancias estos sentimientos escapan al control del cristiano. Sin embargo, podemos controlar cómo respondemos y actuamos con respecto a una persona en particular. El cristiano debe ser amante, debe reflejar el amor desinteresado de Dios.
El amor ágape, entonces, es el fruto principal del Espíritu. Como escribió Pablo: "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor" (l Corintios 13:13).
Siempre y cuando el amor ágape refleje como en un espejo las características del amor de Dios por nosotros, podemos llamarlo un amor inmutable, un amor leal. Está caracterizado por la fidelidad la fidelidad construida sobre la confianza. Un amor así es incapaz de no ser constante; es el amor del compromiso permanente.
RESUMEN
1. El amor bíblico es un amor activo.
2. El amor bíblico es un deber demandado por Dios.
3. De las varias palabras griegas usadas para el amor, es necesario distinguir tres significados importantes:
(A) Phileo =Afecto Filial.
(B) Eros = Amor Romántico O Sexual.
(C) Ágape = Amor Divino O Espiritual.
4. El Amor Ágape Refleja El Amor Inmutable De Dios Y Está Dirigido Hacia Los Demás.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Deuteronomio 6:4-5, Mateo 5:43-48, 1 Corintios 13:1-13, Efesios 5:25-33, 1 Juan 4:7-21.

16. LA ESPERANZA

"Tenemos la esperanza" de que sucedan muchas cosas en este mundo. Tenemos la esperanza de que nos den un aumento de salario. Tenemos la esperanza de que nuestro equipo favorito salga campeón. Este tipo de esperanza está expresando nuestros deseos personales para el futuro. Tenemos esperanza con respecto a las cosas que son inciertas. No sabemos si nuestros deseos se cumplirán, pero tenemos la esperanza de que sí se realizaran.
Cuando la Biblia nos habla de esperanza, sin embargo, tiene algo diferente en mente. La esperanza bíblica es una convicción firme de que las promesas de Dios sobre el futuro se cumplirán.
La esperanza no es una mera proyección, sino una certeza de lo que sucederá es la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo" (Hebreos 6:19).
La esperanza, juntamente con la fe y el amor, es una de las virtudes cristianas que el apóstol Pablo presenta en 1 Corintios 13:13. La esperanza es la fe dirigida hacia el futuro.
La Biblia utiliza la esperanza de dos maneras. El uso menos frecuente apunta hacia el objeto de nuestra esperanza. Cristo es nuestra esperanza de vida eterna. El uso más común es como una actitud de certeza con respecto al cumplimiento de las promesas de Dios. Al cristiano se lo llama a tener esperanza, es decir, a tener la plena certeza de la resurrección del pueblo de Dios y de la venida del reino de Dios. La esperanza está inextricablemente unida a la escatología.
Pablo le recuerda a los cristianos que hasta que el reino llegue a su plenitud, los creyentes solo pueden tener la certeza de su esperanza; "porque por fe andamos, no por vista" (2 Corintios 5:7). Esta esperanza tiene un fundamento y una base. Aunque la vida del cristiano está marcada más por el sufrimiento que por el triunfo (l Corintios 4:8-13; 2 Corintios 4:7-18), el fundamento de la esperanza está en la Deidad.
EN PRIMER lugar, el creyente tiene la vista puesta sobre la muerte y la resurrección de Cristo. Su muerte fue la hora más oscura para sus discípulos. El Mesías prometido había muerto, su reino aparentemente había fracasado. Con la resurrección, esta desesperación se convirtió en esperanza. Junto con el sufrimiento, grande o pequeño, la esperanza del cristiano debe prevalecer. Dios es fiel y siempre nos bastará.
EN SEGUNDO lugar, el creyente ha recibido al Espíritu Santo como una primera entrega del reino. Su presencia nos asegura que el reino se consumará plenamente. El Espíritu no es solamente un signo de la esperanza, sino el sustentador de la esperanza. Cumple con el papel de Consolador, revistiendo al creyente con fuerza y esperanza. Es el Espíritu quien le da al creyente el ánimo para orar al Padre: "Venga tu reino".
RESUMEN
1. La esperanza bíblica es un asunto relacionado con la certeza no con el deseo.
2. La esperanza es una virtud, no una debilidad.
3. La fe es la confianza en lo que Dios ya ha realizado. La esperanza es la confianza en las promesas de Dios para el futuro.
4. La resurrección de Cristo nos da la esperanza en medio del sufrimiento.
5. El Espíritu Santo, el Consolador, nos da esperanza. Su presencia es nuestra garantía de la venida del reino de Dios.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Job 13:15, Romanos 5:1-5, Romanos 8:18-25, Tito 2:11-14, 1 Juan 3:1-3.

17. LA ORACIÓN

Podemos hablar con Dios. Él nos habla verbalmente en su Palabra y de manera no verbal a través de su providencia. Nos comunicamos con él por medio de la oración. Charles Hodge declaró que "la oración es la conversación del alma con Dios". En la oración y por medio de la oración expresamos nuestra reverencia y adoración a Dios; desnudamos nuestras almas en confesión contrita ante Él; derramamos nuestro agradecimiento de corazón; y le ofrecemos nuestras peticiones y nuestras súplicas.
En la oración experimentamos a Dios como un ser personal y poderoso. Él nos escucha y actúa en respuesta a nuestra oración.
La Escritura nos enseña la previa disposición soberana de Dios y la eficacia de la oración. Estas dos cosas no son inconsistentes entre sí, porque Dios ordena los medios así como los fines de sus propósitos divinos. La oración es el medio que Dios utiliza para hacer que su soberana voluntad se cumpla.
La oración debe ser dirigida a Dios, y únicamente a Dios, ya sea a Dios como la Trinidad o a las personas que conforman la Divinidad. Orar a cualquier criatura es idolatría.
La oración para ser apropiada tiene varios requisitos.
EL PRIMER REQUISITO es que debemos acercarnos a Dios con sinceridad. Las frases huecas y falsas son una burla. Dichas oraciones, en lugar de ser un ejercicio de religión piadosa, son una ofensa delante de Dios.
EL SEGUNDO REQUISITO es que debemos acercarnos a Dios con reverencia. Al orar debemos tener siempre presente a quién le estamos hablando. Hablar con Dios de manera desenvuelta, casual, o petulante, como podríamos hablar con nuestros amigos terrenales, es tratarlo con la impertinencia de lo familiar.
De la misma manera que las personas rinden homenaje a un rey entrando en su presencia con el debido respeto y deferencia, así también debemos presentarnos delante de Dios, reconociendo plenamente su suprema majestad.
EL TERCER REQUISITO, un corolario de los anteriores, es que debemos acercarnos a Dios en humildad. No alcanza con recordar quién es Él, sino que también debemos recordar quiénes y qué somos nosotros. Somos sus hijos adoptivos.
Somos también criaturas pecaminosas. Él nos invita a venir a su presencia sin temor, pero también sin arrogancia. Dios nos instruye a ser diligentes y fervientes en nuestras peticiones. Al mismo tiempo, debemos venir en sumisión voluntaria. Decir "Hágase tu voluntad" no es una indicación de falta de fe. La fe que traemos cuando oramos debe incluir nuestra confianza en que Dios nos puede escuchar y que Él está dispuesto a respondernos. Sin embargo, cuando Dios se niega a cumplir nuestras peticiones, esta fe también debe confiar en su sabiduría.
Quienes se acercan a Él con alguna petición deben dar por sentado la sabiduría y la benevolencia de Dios, siempre y en todo lugar.
Oramos en el nombre de Jesús porque así estamos reconociendo su oficio como Mediador. Al ser nuestro Sumo Sacerdote, Cristo es nuestro intercesor, así como el Espíritu Santo es nuestro ayudador en la oración.
Una herramienta muy útil para aprender a orar es el acróstico C-A-S-A. Cada una de las letras indica un elemento vital de la oración.
C=Confesión
A=Adoración
S=Súplica
A=Agradecimiento
Si seguimos este acróstico bien sencillo estaremos seguros de haber incluido todos los elementos apropiados a la oración.
RESUMEN
1. La oración es estar en comunión con Dios.
2. La oración debe estar dirigida únicamente a Dios.
3. La oración debe ser sincera, con  reverencia y en humildad.
4. Se nos manda a ser fervientes y perseverantes en la oración.
5. La oración con fe es una oración que confía en la sabiduría y la bondad de Dios.
6. El acróstico C-A-S-A es una ayuda para la oración.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Salmo 5:1-3, Juan 14:13-14, Romanos 8:26-27, Filipenses 4:6-7, 1 Juan 5:14-15.

18. EL ANTINOMIANISMO

En inglés hay un pequeño poema que se constituye en el canto temático del antinomianismo. Dice: "Libre de la ley, bendita condición; pecar puedo todo lo que quiero, igual tengo la remisión".
El antinomianismo significa literalmente "anti-legalismo". Niega y le otorga un papel inferior a la importancia de la ley de Dios en la vida del creyente. Es la contraparte de su herejía gemela, el legalismo.
Los anti-nomianos adquieren este fastidio por la ley de diversas maneras. Algunos creen que ya no están obligados a guardar la ley moral de Dios porque Jesús los ha librado de esta obligación.
Insisten en que la gracia no solamente nos libra de la maldición de la ley de Dios sino que nos libra de cualquier obligación a obedecer la ley de Dios. La gracia se convierte así en una licencia para desobedecer.
Lo sorprendente es que estas personas sostienen este punto de vista a pesar de la enseñanza vigorosa de Pablo contra ella.
Pablo, más que ningún otro escritor del Nuevo Testamento subrayó las diferencias entre la ley y la gracia. Se glorió en el Nuevo Pacto. Sin embargo, fue también el más explícito con respecto a su condena al antinomianismo. En Romanos 3:31 escribe: "¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley".
Martín Lutero, al expresar la doctrina de la justificación solo por la fe, fue acusado de antinomianismo. Sin embargo, afirmó Junto con Santiago que "la fe sin obras es muerta". Lutero discutió con su estudiante Juan Agrícola sobre este punto. Agrícola negaba que la ley tuviera algún propósito en la vida del creyente. Hasta negó que la ley sirviera para preparar al pecador para la gracia.
Lutero le respondió a Agrícola con su obra Contra el Antinomianismo en 1539. Agrícola luego se retractó de sus enseñanzas antinominianas, pero el debate continuó.
Subsiguientes teólogos luteranos confirmaron el punto de vista de Lutero sobre la ley. En la Fórmula de la Concordia (1577), la última de las afirmaciones de fe luterana clásicas, determinaron tres usos para la ley:
(1) El revelar el pecado;
(2) El establecer reglas de decencia general para la sociedad en su conjunto; y:
(3) El proveer una regla de vida para quienes han sido regenerados por la fe en Cristo.
El error principal del antinomianismo es el confundir la justificación con la santificación. Somos justificados solo por la fe, sin intervención de las obras. Sin embargo, todos los creyentes deben crecer en la fe guardando los santos mandamientos de Dios, no para ganar el favor de Dios, sino en gratitud por la gracia que les ha sido dada por la obra de Cristo.
Es un error grave el suponer que el Antiguo Testamento fue un pacto de la ley y que el Nuevo Testamento es un pacto de la gracia. El Antiguo Testamento es un testimonio monumental de la asombrosa gracia de Dios hacia su pueblo. Del mismo modo, el Nuevo Testamento está literalmente repleto de mandamientos.
No somos salvados por la ley, pero debemos mostrar nuestro amor a Cristo obedeciendo sus mandamientos. "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15) dijo Jesús.
Con frecuencia oímos esta afirmación: "El cristianismo no es un montón de reglas, hay que hacer esto, esto y aquello y no hay que hacer esto, esto y aquello". Hay algo de verdad en esta conclusión, ya que el cristianismo es mucho más que una mera recolección de reglas. Es una relación personal con Cristo mismo.
Sin embargo, el cristianismo también no es nada menos que reglas. El Nuevo Testamento incluye varias cosas que hay que hacer y otras que no hay que hacer. El cristianismo no es una religión que sanciona la idea que cualquiera tiene el derecho a hacer lo que le parezca bien. Por el contrario, el cristianismo nunca le da a nadie el "derecho" a hacer lo que está mal.
RESUMEN
1. El antinomianismo es la herejía que dice que los cristianos no tienen ninguna obligación de obedecer las leyes de Dios.
2. La ley nos revela el pecado, es un fundamento para la decencia en la sociedad, y es una guía para la vida cristiana.
3. El antinomianismo confunde la justificación con la santificación.
4. La ley y la gracia se encuentran tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
5. Aunque el obedecer la ley de Dios no es una causa meritoria para nuestra justificación, se espera que una persona justificada busque ardientemente obedecer los mandamientos de Dios.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Juan 14:15, Romanos 3:27-31, Romanos 6:1-2, 1 Juan 2:3-6, 1 Juan 5: 1-3.

19. EL LEGALISMO

El legalismo es la herejía opuesta del antinomianismo. Mientras que el antinomianismo niega la importancia de la ley, el legalismo exalta la ley por encima de la gracia. Los legalistas en los días de Jesús eran los fariseos, y Jesús se reservó su crítica más severa para ellos. La distorsión fundamental del legalismo es la creencia en que una persona puede ganarse su lugar en el reino de los cielos.
Los fariseos creían que debido a su posición como hijos de Abraham, y a su cumplimiento estricto de la ley, eran hijos de Dios. En realidad, esto constituía una negación del evangelio.
Un artículo corolario del legalismo es el adherirse a la letra de la ley y no al espíritu de la ley. Para que los fariseos pudiesen creer que podían cumplir la ley, primero tenían que reducirla a su interpretación más estrecha y grosera. El relato del joven rico es una ilustración de este punto. El joven rico le preguntó a Jesús cómo podía hacer para heredar la vida eterna. Jesús le dijo que debía "guardar los mandamientos". El joven rico creía que los había guardado todos. Pero entonces Jesús le reveló cuál era el "dios" que había servido antes de servir al verdadero Dios su "dios" eran sus riquezas. "Anda, vende lo que tienes, y dala a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo" (Mateo 19:21). El joven rico se fue, entristecido.
Los fariseos eran culpables de otra forma de legalismo. Le habían agregado sus propias leyes a la ley de Dios. Sus "tradiciones" habían sido elevadas al mismo nivel que la ley de Dios. Le habían robado a la gente su libertad y la habían encadenado, allí donde Dios las había liberado. Este tipo de legalismo no acabó con los fariseos. También ha plagado a la iglesia durante todas sus generaciones.
El legalismo suele surgir como reacción desmedida al antinomianismo. Para asegurarnos de no deslizarnos en la laxitud moral del antinomianismo, tendemos a hacer reglas más estrictas que las que Dios mismo nos ha impuesto. Cuando esto tiene lugar, el legalismo introduce una tiranía sobre el pueblo de Dios.
De la misma manera, las diversas formas de antinomianismo suelen surgir como reacción desmedida al legalismo. Su grito de batalla suele ser el de la libertad de toda opresión. Es la búsqueda por la libertad moral que se ha desbocado. Los cristianos, cuando defiendan su libertad, deberán cuidarse de no confundir la libertad con el libertinaje.
Otra forma de legalismo es el hacer hincapié sobre lo menos importante. Jesús reprendió a los fariseos por haber descuidado los asuntos más importantes de la ley mientras que escrupulosamente obedecían los asuntos menos importantes (Mateo 23:23-24).
Esta tendencia continúa siendo una amenaza constante para la iglesia. Tenemos la tendencia a exaltar a un nivel supremo de piedad cualquier virtud que tengamos y restarle importancia a cualquiera de nuestros vicios. Por ejemplo, puedo considerar que es de mucha espiritualidad el no bailar, mientras que considero mi lascivia un asunto menor.
El único antídoto para el legalismo y el antinomianismo es el estudio diligente de la Palabra de Dios. Solo entonces podremos instruirnos adecuadamente sobre lo que le agrada y lo que le desagrada a Dios.
RESUMEN
1. El legalismo distorsiona la ley de Dios en dirección opuesta al antinomianismo.
2. El legalismo eleva las tradiciones humanas al mismo nivel que la ley divina.
3. El legalismo compromete al pueblo de Dios allí donde Dios le ha dado libertad.
4. El legalismo le da valor a lo menos importante, y le resta valor a lo más importante.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Mateo 15:1-20, Mateo 23:22-29, Hechos 15:1-29, Romanos 3:19-26, Gálatas 3:10-14.

20. EL PERFECCIONISMO

La doctrina del perfeccionismo sostiene que la santidad, o el amor perfecto, producido por la gracia de Dios, puede ser alcanzada por todos los cristianos en esta vida y libera a los creyentes del pecado voluntario. Esta doctrina surgió con las enseñanzas de Juan Wesley y continuó con el movimiento pentecostal primitivo. El logro de la perfección es considerado como la segunda obra de gracia que es obrada instantáneamente en el corazón del creyente.
Una posición modificada sostiene que después de esta segunda bendición el creyente es más y más victorioso sobre el "pecado voluntario". Cualquier pecado que permanezca en esa persona será un pecado accidental o un pecado cometido por ignorancia.
La dificultad que entraña este punto de vista es que parte de dos errores primarios. Primero, reduce las demandas rigurosas de la ley de Dios. Cualquier entendimiento real de la anchura y la profundidad de la ley de Dios ya estaría excluyendo la doctrina perfeccionista. Segundo, tiene una visión inflada sobre los logros espirituales propios. Para sostener esta posición resulta necesario sobrestimar la justicia propia.
La gran mayoría de las iglesias evangélicas a lo largo de toda la historia, y las Iglesias Reformadas en particular, encuentran esta doctrina aborrecible. Incluso hasta el movimiento neo-pentecostal ya casi ha abandonado esta doctrina. Martín Lutero enseñó que los seres humanos regenerados son al mismo tiempo, justificados y pecadores. Los creyentes son considerados justos a los ojos de Dios en virtud de la expiación y la justicia de Cristo imputada a ellos.
Dios considera a los creyentes justos "en Cristo". Dejados librados a sí mismos, sin consideración de la obra de Cristo, los creyentes siguen siendo pecadores. Si bien el proceso de santificación implica que el creyente se está convirtiendo cada vez más en menos pecador, este proceso no se completa hasta la muerte, cuando el creyente es glorificado.
La perfección es sin duda la meta de la vida cristiana. Que no la alcancemos no debe ser una excusa para pecar. Como cristianos debemos seguir adelante a la meta de nuestro llamamiento en Cristo.
RESUMEN
1. El perfeccionismo enseña que hay una segunda obra de gracia en la que los creyentes experimentan la santidad o el amor perfecto en esta vida.
2. El perfeccionismo modificado enseña que los cristianos pueden vencer al pecado voluntario.
3. El perfeccionismo se basa sobre una baja estima de la ley de Dios y una alta estima del desempeño de los seres humanos.
4. Dios nos justifica aunque somos todavía pecadores.
5. El proceso de santificación, que dura toda la vida, comienza en el instante mismo de la justificación.
6. Los cristianos serán hechos perfectos en glorificación solo después de la muerte.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Romanos 5:8, 1 Corintios 15:42-57, 2 Corintios 7:1, Filipenses 3:7-14, 1 Juan 1:5-10.

21. EL GOBIERNO CIVIL

En los Estados Unidos de América se habla y se escribe mucho sobre la separación de la iglesia y el estado. En sus orígenes, esta idea llamaba la atención sobre dos instituciones diferenciadas, ambas creadas por Dios, ordenadas por Dios, que debían rendirle cuenta a Dios, o que estaban "bajo" las órdenes de Dios. Cada institución tenía que desarrollar tareas distintas y ninguna debía usurpar la esfera de autoridad de la otra.
La tarea de la iglesia es predicar el evangelio, administrar los sacramentos, proteger las almas de sus miembros, etc. Estas tareas no le corresponden al estado. La responsabilidad del estado es ordenar la sociedad, cobrar impuestos, regir el comercio y la sociedad, mantener las fuerzas armadas, proteger la vida y la propiedad, etc. Estas no constituyen parte de las tareas de la iglesia.
Al estado se le da el poder de la espada; a la iglesia, no. El apóstol Pablo nos declara: Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo (Romanos 13:1-4).
Según el punto de vista de Pablo, el gobierno civil ha sido autorizado por Dios. Cuando un gobernador civil es investido de poder, en un sentido, se lo "ordena" como un ministro de Dios.
Su gobierno no es independiente de Dios. Los ministros de Westminster escribieron: Dios, el supremo Señor y Rey de todo el mundo, ha ordenado a los magistrados civiles para que, bajo su égida, estén por sobre el pueblo, para su propia gloria, y para el bien público; a este fin, los ha armado con el poder de la espada para la defensa y el aliento de quienes hacen el bien, y para el castigo de quienes practican el mal. Los magistrados civiles no pueden asumir para sí la administración de la Palabra o de los sacramentos; o el poder de las llaves del reino o el cielo; ni siquiera interferir sobre los temas de la fe.
En nuestros días, el concepto de separación de la iglesia y el estado ha sido ampliamente reinterpretado (y mal interpretado) para significar la separación del estado y Dios. Cada vez más, el gobierno busca evitar quedar "bajo" Dios. Procura un poder y una autoridad autónoma. Cuando la iglesia le grita "Falta", se critica a la iglesia por entrometerse en los asuntos del estado. La iglesia, sin embargo, no está tratando de usurpar las funciones del estado.
La iglesia, al ofrecer su crítica profética, está llamando al estado a ser el estado como Dios lo ordenó y lo gobierna.
Hay un sentido en el cual el evangelio es sin ningún rubor político. Declara que Jesús es el Rey de Reyes y el Señor de Señores. Jesús ocupa el sitial de máxima autoridad. Todos los magistrados inferiores son responsables ante Él sobre cómo han ejercido su gobierno.
El magistrado civil tiene el poder de la espada. El estado está autorizado para usar la fuerza para asegurar la justicia y proteger sus fronteras. Los gobiernos no gobiernan por medio de solicitudes o sugerencias. Gobiernan por la ley, aplicada por medios legales coercitivos. Aunque los gobiernos con el poder de la espada tienen la autoridad de ejercer la pena de muerte y participar en guerras justas, serán responsables delante de Dios por el uso que hagan de la espada.
La Biblia alienta a los cristianos a ser modelos de obediencia civil siempre que sea posible. Honramos a Cristo orando por aquellos que están en autoridad sobre nosotros y siendo sumisos y obedientes a sus leyes. Debemos hacer todo lo posible para cumplir con nuestra obediencia civil. Debemos obedecer a los magistrados siempre y cuando no nos ordenen hacer algo que Dios prohíbe, o nos prohíban hacer algo que Dios ordena. En estos dos casos no solamente podemos desobedecer a las autoridades, sino que debemos desobedecerlas.
RESUMEN
1. La iglesia y el estado son dos instituciones diferenciadas, ordenadas por Dios y responsables ante Él por sus respectivas tareas.
2. La autoridad civil fue ordenada por Dios y tiene el poder de la espada.
3. Ningún gobierno es autónomo. Ningún gobierno puede ser independiente de Dios.
4. Cuando los gobiernos buscan ser autónomos, el deber de la iglesia es criticarlos.
5. La obediencia a la autoridad de gobierno es un deber sagrado para todos los cristianos. La ley civil debe ser cumplida escrupulosamente siempre que no sea contraria a la Palabra de Dios.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
2 Crónicas 26:16-20, Salmo 2:10-12, Romanos 13:1-7, l Timoteo 2:1-4, 1 Pedro 2:13-17.

22. EL MATRIMONIO

La institución del matrimonio fue ordenada e instituida por Dios en la creación. Cristo la santificó con su presencia en las bodas de Canaán y por medio de las instrucciones dadas por los apóstoles en el Nuevo Testamento. La mayoría de las ceremonias de casamiento reflejan esto y reconocen el origen divino del matrimonio. Lo que se suele ignorar o pasar por alto en los contratos modernos es que el matrimonio ha sido regulado por los mandamientos de Dios. La ley de Dios circunscribe el significado y la legitimidad del matrimonio.
El matrimonio debe ser una relación exclusiva entre un hombre y una mujer en la que ambos se convierten en "una carne", siendo unidos física, emocional, intelectual y espiritualmente. La intención es que dure por toda la vida. La unión está asegurada por un voto sagrado y una alianza, y consumada con la unión física. La Escritura señala solo dos motivos por el cual esta unión puede ser disuelta -la infidelidad y el abandono.
La infidelidad está prohibida en la relación matrimonial. La institución del matrimonio fue creada por Dios para que los hombres y las mujeres pudiesen complementarse mutuamente y participar en su obra creativa de procreación. La unión física necesaria para la procreación tiene también un significado espiritual.
Está señalando e ilustrando la unión espiritual entre el esposo y su esposa. Pablo utiliza esta unión para simbolizar la unión entre Cristo y su iglesia de la misma manera que el Antiguo Testamento describía a la relación de la alianza entre Dios e Israel con la figura del matrimonio. La fidelidad, el cariño y el apoyo mutuo, deben estar en el fundamento del matrimonio. Los actos de infidelidad quiebran este pacto y, en consecuencia, le permiten a la parte lastimada la posibilidad de pedir el divorcio.
Además, Pablo en 1 Corintios 7:12-16 nos dice que si alguien de la pareja es abandonado o abandonada, él o ella no tienen la obligación de mantener la alianza matrimonial. El abandono, como la infidelidad, es una violación fundamental de la intención de Dios para el matrimonio.
El matrimonio es una ordenanza de la creación. No es necesario ser un cristiano para recibir la gracia común de esta institución. Mientras que todos los hombres y las mujeres pueden casarse, el cristiano debe casarse solamente "en el Señor". La Escritura es clara a este respecto y prohíbe que los cristianos se casen con los no cristianos.
En la institución del matrimonio, el marido debe ser "la cabeza" de la mujer. La mujer debe sujetarse a su marido como se sujeta al Señor. El marido debe amar a su mujer y entregarse a ella con sacrificio de la misma manera que Cristo amó a su esposa, la iglesia, y entregó su vida por ella.
RESUMEN
1. El matrimonio ha sido instituido por Dios y está regulado por Dios.
2. El matrimonio debe ser monogámico.
3. La unión física permitida y ordenada en el matrimonio refleja la unión espiritual entre el esposo y su esposa.
4. El estado matrimonial es utilizado en sentido figurado en la Escritura para ilustrar la relación entre Cristo y su iglesia.
5. El matrimonio, siendo una ordenanza de la creación, es posible para todos los seres humanos. La iglesia reconoce los matrimonios civiles. Los cristianos, sin embargo, deben casarse "en el Señor".
6. Dios ha ordenado la estructura de la unión matrimonial. Cada miembro de la pareja tiene mandatos específicos de Dios que debe obedecer.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN
Génesis 2:24, Mateo 19:1-9, 1 Corintios 7, Efesios 5:21-33, 1 Tesalonicenses 4:3-8, Hebreos 13:4.

23. EL DIVORCIO

La cuestión del divorcio se ha convertido en un tema urgente en una sociedad donde la incidencia de los divorcios ha alcanzado proporciones epidémicas. Debido a la proliferación radical de los divorcios y a los problemas legales y familiares que provoca, la ley se ha movido en la dirección de facilitar el proceso permitiendo el divorcio sin ninguna causal. Al convertirse el divorcio cada vez más fácil de obtener, el problema de su aceleración se exacerba.
La Biblia no es tan superficial al tratar el divorcio. La enseñanza de Jesús sobre el tema está planteada en el contexto de un debate del primer siglo entre las escuelas rabínicas. Los liberales y los conservadores mantenían un largo desacuerdo sobre las bases legítimas para el divorcio. Jesús fue confrontado con el siguiente planteo:
Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Él, respondiendo, le dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre (Mateo 19:3-6).
Observamos que cuando los fariseos le preguntaron a Jesús sobre la ley de divorcio liberal, Jesús inmediatamente los remitió a la Escritura y a la institución originaria de Dios para el matrimonio.
Subrayó que el matrimonio está intencionado para durar toda la vida. Resaltó la unión entre el hombre y la mujer en una sola carne, unión que no puede ser disuelta por decretos humanos.
Solo Dios está autorizado para determinar los fundamentos para disolver el matrimonio. El debate continuó: Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera (Mateo 19:7-9).
Si analizamos en detalle la respuesta de Jesús, vemos que cuestionó la manera que los fariseos tenían de entender la ley del Antiguo Testamento. Moisés no había "ordenado" el divorcio sino que lo había permitido para casos especiales. (Moisés, por supuesto, era el vocero de Dios. Fue Dios quien permitió este desvío de su intención original por la presencia del pecado que violaba el matrimonio.) Jesús les recordó que hasta este permiso había sido dado solo por causa del pecado (la dureza de su corazón) y que por sí no anulaba la intención original del matrimonio.
Jesús luego dio su pronunciamiento sobre el tema –prohibiendo el divorcio excepto por causa de inmoralidad sexual. Sus palabras enigmáticas sobre un segundo matrimonio y el adulterio deben ser entendidas en relación con los divorcios inválidos e ilegítimos. Si se permite el divorcio en los casos que Dios no lo permite, entonces la pareja sigue casada a los ojos de Dios. Por lo tanto, un segundo matrimonio entre dos personas ilegítimamente divorciadas constituiría una relación de adulterio.
Más adelante, como lo expresamos en el capítulo anterior, Pablo extendió el permiso del divorcio para el caso del creyente que había sido abandonado por el no cristiano (l Corintios 7: 1015).
La Confesión de Westminster resume este tema. Expresa lo siguiente: En el caso del adulterio después del matrimonio, es legítimo que la parte inocente solicite el divorcio; y que después del divorcio pueda contraer nuevo matrimonio, como si la parte ofensora se hubiese muerto. Aunque la corrupción del hombre puede ser tal que proponga otros argumentos indebidos para romper los lazos que Dios ha unido en el matrimonio; sin embargo, nada excepto el adulterio, o el abandono voluntario que de ningún modo pueden ser remediados por la iglesia, o el magistrado civil, es motivo suficiente para disolver los lazos del matrimonio; por lo cual, deberá cumplirse con un procedimiento público y ordenado; y las personas involucradas no deberán ser dejadas libres a su voluntad, y su discreción, para su propio caso.
RESUMEN
1. La Biblia no suscribe el divorcio "sin ninguna causal".
2. Jesús repudió la posición liberal sostenida por los fariseos con respecto al divorcio.
3. Moisés permitió, pero no ordenó, el divorcio.
4. Jesús permitió el divorcio narra los casos de inmoralidad sexual.
5. Jesús enseñó que el matrimonio entre dos personas ilegítimamente divorciadas constituye adulterio.
6. Pablo agregó la deserción por parte del no creyente como otra causal para el divorcio.
PASAJES BÍBLICOS PARA LA REFLEXIÓN

Mateo 5:31-32, Mateo 19:3-9, Romanos 7:1-3, 1 Corintios 7:10-16.